Jugue en la mejor defensa argentina de todos los tiempos

junio 15, 2022
Argentina 1966

Por Silvio Marzolini

Antes de hablar del Mundial que me dio tanto prestigio internacional deseo referirme al de 1962 en Chile. Por entonces yo era un jovencito de 21 años. Por lo tanto, mi debut mundialista llegó siendo un chico corría todos los balones, poniendo el alma en cada jugada pero muy poco cerebro.

Pero cuando llegó Inglaterra 66 ya habia cumplido 25 años y estaba graduado: jugaba con más inteligencia y le sacaba dividendos a la experiencia, que es fundamental. Había alcanzado un nivel de plenitud, tanto física como técnica y futbolística. Todo eso contribuyó a que viajara en el mejor momento de mi carrera.

El Mundial de Inglaterra fue -quizás- el primer gran cambio que mostró un seleccionado argentino llevado a grandes competiciones. Porque las anteriores habian sido negativas por un motivo fundamental: cada jugador «hacia» su partido. Era más importante salvarse indibidualmente que conseguir el buen funcionamiento de todo equipo.

Insisto, en Londres conformamos un plantel maduro, amoldando las características de cada integrante al «libreto» presentado por el técnico Lorenzo.

Antes, realizamos una gira por Austria y otros países de Europa. Recuerdo que en Viena, Alfredo «El Tanque» Rojas se intoxicó comiendo salchichas y la paso bastante mal. Una mañana, al entrar a la habitación que compartíamos, noté una expresión de euforia en su rostro: !Qué tipo feliz¡, me dije. Sin embargo, Alfredo se estaba «muriendo» de dolor. Tipo especial el «Tanque». Dentro del plantel no había término medio: lo querían o lo odiaban.

Conservo con cariño la distinción real que se me otorgó en Londres por ser el mejor jugador de nuestra zona (Argentina, Alemania, España y Suiza). La prensa y las encuestas populares me consideraron el mejor marcador. Fue por eso que, posteriormente, represente al «Resto del Mundo», en un partido en Brasil, junto con monstruos de la talla de Yashin, Albert y Beckenbauer.

Pero creo que es momento oportuno para confesar por qué llego a tamaña distinción. Esa característica mía de proyectarme en ataque, la adquirí jugando varios años, en Boca Juniors, al lado de Alberto González. Su posición de «once» mentiroso, me otorgaba la posibilidad de sorprender en ataque. Con el correr del tiempo me fui perfeccionando. Quebré con mi actitud una premisa de entonces: el marcador de punta es un jugador útil únicamente para destruir al wing contrario. Por eso lo mío resultó revolucionario.

El más importante en mi puesto, de cuantos he visto fue el uruguayo Tomás Rolan, porque asociaba los tres factores necesarios para cumplir la función: marca, temperamento y proyección.

Volviendo al 66 recuerdo que, durante el primer partido, frente a España, sabíamos que el ganador pasaba a semifinales con Alemania. Por eso nos jugamos enteros y ganamos 2 a 1. Pero hubo un hecho que nos agrandó. Fue cuando al minuto, Ermindo Onega, le fabricó un túnel espectacular al gran Luisito Suárez y, a partir de allí, les perdimos totalmente el respeto. Además, esa tarde, también Artime tuvo gran actuación.

Contra Alemania sacamos un gran resultado porque el 0-0 nos clasificó. Tuvimos suerte porque ellos se equivocaron tácticamente enviando a Beckenbauer a perseguir a Ermindo por toda la cancha, con lo cual el «Kaiser» no pudo aportar su talento conductivo. No obstante, debimos aguantar con diez hombres ya que Albrecht pegó como nunca y lo echaron.

Después, frente a Suiza, no tuvimos problemas. Pero nos esperaba Inglaterra. Siempre preferí jugar de visitante, pero en Wembley fue la excepción. La presión del público local fue terrible y se hizo sentir desde el primer instante. En doce minutos cedimos ocho corners y no podíamos serenarnos. Pero hubo alguien que fue fundamental: Antonio Roma. Nuestro tarzanesco guardavallas mostraba una seguridad absoluta en los centros, los tiros de esquina, en todo… Con él fuimos creciendo y realizamos un trabajo como para ganar el partido «por puntos». Jugamos un «fulbito» inteligente que nos llevo a paralizar el ritmo ingles y enfriar a su publico. Lastima que aquel cabezazo extraño nos destrozó el empate.

Cuartos de final de la Copa del Mundo de 1966, estadio de Wembley, Londres, Inglaterra, La gran defensa argentina sacó de quicio a los britanicos. Inglaterra ganó el partido 1-0 con un Gol de cabeza de Geoff Hurst. (Photo by Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

¡Cómo olvidar la expulsión de Rattin! Todo comenzó antes del partido. Valentín Suárez y Lorenzo, durante una charla en el hotel, le dijeron a Rattin que, como capitán tenia derecho a solicitar en cualquier momento el ingreso de un traductor para aclarar cosas con el árbitro. Fue un error porque. «El Rata» hablaba constantemente pidiendo traductor y el alemán, cansado, lo expulso del campo en uno de los fallos más controvertidos de todos los mundiales.

23 de julio de 1966, cuartos de final de la Copa Mundial en Wembley, Inglaterra 1 vs Argentina 0, el capitán argentino Antonio Rattin, segundo a la izquierda, es expulsado por el árbitro R,Kreitlein, durante el tormentoso partido. (Photo by Bentley Archive/Popperfoto via Getty Images/Getty Images)

Intimamente siento que tuve el honor de haber integrado, durante ese Mundial, la mejor defensa que tuvo una Selección Argentina en todas las épocas: Roma, Ferreyto, Perfumo, Albercht, Rattin y yo. A esa retaguardia sólo le marcaron dos goles. Fuimos «campeones morales» en un torneo que confirmo a Bobby Charlton como el mejor jugador y a Eusebio como a un verdadero virtuoso.

Si aquella selección hubiese trabajado como las actuales de la era Menotti, nadie dude que, a pesar de Wembley, del referí alemán y de todos los contratiempos con los dirigentes, hubiésemos sido los campeones mundiales de 1966.

Silvio Marzolini, Argentina (Photo by PA Images via Getty Images)
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