Beckenbauer-Schön versus Cruyff-Michels

mayo 17, 2022
Gerd Müller. Alemania vs Holanda

Por Stefan Kovacs

Stefan Kovacs es uno de los técnicos de más prestigio en el fútbol mundial. Se le atribuye buena parte del mérito del desarrollo del «fútbol total» en los primeros años de la década del 70 dirigiendo el Ajax de Holanda. Fue también director de la selección francesa y en la actualidad conduce al equipo nacional de su patria: Rumania. Aquí reproducimos un fragmento de su análisis de la final 1974.

¿Cuales fueron los héroes de la décima Copa del Mundo? En primer lugar, naturalmente, los alemanes. Se llevaron la victoria tras haber superado graves dificultades, gracias a su fortaleza de espíritu y a su profundo sentido de solidaridad nacional.

Al principio del torneo no estaban en forma. El campeonato de Alemania se había prolongado para los jugadores del Bayern Munich por la final de la final de la Copa de Europa. Y los jugadores del Bayern constituían con Maier, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Breitner, Hoeness y Müller, el eje de la selección. Ellos habían disputado al menos cien partidos durante la temporada, cuando sesenta o setenta me parece un limite que no debe ser rebasado.

lo que les salvo fue, en primer lugar, su «espíritu de familia». Sabian exactamente lo que podian esperar los unos de los otros y, por ejemplo, no titubearon a la hora de sacrificar a Netzer, que había emigrado a España y no se integraba completamente en el grupo. Su aplicación y su tenacidad les permitieron pasar sin demasiados problemas la primera ronda, a pesar del fracaso resonante que tuvieron en la tercera fecha ante Alemania Oriental.

En la noche previa a la final del Mundial de 1974 hubo una conversación cordial entre el entrenador y el capitán, Helmut Schön y Beckenbauer. Schön sintió súbitamente que alguna cosa se le escapaba y que no conseguía insuflar en el equipo alemán la fuerza moral que le permitiera conseguir el triunfo.

No discutieron ni técnica ni táctica aquella noche, sino que hablaron de solidaridad, de la fuerza del alma, de abnegación. Hicieron tabla rasa de todos los problemas embarazosos (dinero, publicidad, rivalidad entre los clubs) y Schön pidió a Beckenbauer que estuviera totalmente a su lado y asumiera toda la responsabilidad, especialmente en el terreno de juego.

Se creyó que la nueva autoridad tomada por el jugador se ejercía a despecho del entrenador. Lo que se produjo fue lo contrario. El entrenador fue a buscar a capitan y le estuvo extraordinariamente agradecido por aceptar la misión que se confiaba. Pero Schön dudaba. Se preguntaba si esa Copa del Mundo disputada en Alemania no sería un regalo envenenado para su equipo que dos años antes había llevado con facilidad eeeeel Campeonato de Europa.

Esta alianza de los dos hombres, fue en mi opinión, la llave del éxito alemán, pues bruscamente surgió la esperanza y el impulso hasta la victoria…

En cuanto a los holandeses, principales rivales de los alemanes, no puede faltar el paralelismo con la relación entre el entrenador Rinus Michels y el capitán Johan Cruyff. Cuando Michels fue escogido para encargarse de la selección era ya, desde hacia dos temporadas, entrenador del Barcelona. Cuando se pidió mi opinión, aprobé la elección y declaré: – Michels es el único hombre capaz de poner orden en el actual caos de la selección.

La situación era en efecto grave. En lugar de hablar de fútbol no se hablaba más que de dinero. La publicación de las sumas considerables prometidas a los jugadores seleccionados había indispuesto al público y a la prensa.

-¿Cómo estos jugadores -decían – ganan ya tanto dinero? ¿Es que una vez cada cuatro años no son capaces de jugar por su país?

Entonces apareció Michels y se comporto sabiamente.

– Que todos los que no estén de acuerdo – dijo – se queden en su casa. Yo no voy a sustituir a nadie.

En la fecha fijada todos se presentaron.

Michels tuvo un segundo éxito. Habiendo reunido a todos los jugadores más o menos cansados por una larga temporada, les impuso de súbito un entrenamiento de choque que le permitió hacerles callar y borrar todo tipo de contestación. Tras el trabajo, no pensaban más que en dormir.

Tuvo también el mérito de resolver con inteligencia el delicado problema planteado por la indisposición de cuatro de los mejores mediocampistas y, especialmente, de Barri Hulshoff, el gran libero del Ajax.

Convirtió al medio del Ajax, Arie Haan, en un libero y al defensa del Feyenoord, Rijsbergen, en stopper. Esta solución milagrosa le permitió ganar la confianza de todos, mientras que en los partidos de preparación había sido severamente criticado.

En lo que concierne al juego, las cosas eran más fáciles. La selección dominada por la personalidad de Cruyff, era en gran parte del Ajax, como la del equipo de Alemania lo era del Bayern. El estilo del Ajax, las maneras del Ajax, estaban extendidas por toda Holanda.

Cruyff, naturalmente, no solamente fue el brazo derecho de Michels tanto en la vida diaria como sobre el terreno, sino también el animador sin igual, velando por los mínimos detalles, interviniendo a cada minuto para enderezar una moral que decaía, inventando distracciones y evitando querellas. Sin duda hizo demasiado, y esto explica demasiado su derrumbe en el último momento. Quiso contentar tanto a todo mundo que desperdicio una parte de la energía que le era tan necesaria.

¿Qué pasó con el equipo que explique su fracaso final?

Hasta entonces, el conjunto naranja había marcado una huella profunda en el torneo por el impulso devastador de su fútbol y sus personalidades. No se creía que iba a inclinarse ante un equipo alemán mucho más pobre.

Los días que precedieron a la final, los holandeses fueron sorprendidos por un cambio de actitud, por un buen humor inhabitual. Michels por una vez había conseguido ese relajamiento, esperando que sobre el terreno, el rigor y la ambición renacieran. Se trató, pues, a esta final y a estos adversarios con una especie de desprecio, como si no fueran importantes. Se creía así minar la moral de los alemanes, mientras que, observando bien esta actitud desenvuelta, se percibía un nerviosismo y una aprensión poco frecuentes.

Fue una lástima para los holandeses. Practicaron un fútbol más moderno y más completo que el de sus adversarios. Pero hicieron una guerra psicológica que acabo mal. Y Alemania triunfó, más por su bravura que por su maestría.

Publicado en el libro «Fútbol total», editado en 1976 en Barcelona, España, por DOPESA)

Te podría interesar