Jules Rimet, el creador de la Copa Mundial.

septiembre 15, 2021
Jules Rimet, creador de la Copa Mundial

Jules Rimet, el creador de la Copa Mundial, nació en el pueblo de Theuley, del departamento de Alto Saona, Francia el 24 de octubre de 1873. De pequeño, luego que su padre se fue a París en busca de trabajo, vivió con su abuelo en su pueblo natal donde completo su primera educación. De joven Jules ayudaba a su papá en la tienda y por la tarde estudiaba derecho. Obtuvo el título de abogado.

Desde que conoció el fútbol en las calles parisinas quedo fascinado de el y le dedico todo su tiempo y esfuerzo al verlo como un poderoso instrumento para la formación física y moral de los jóvenes por encima de las diferencias sociales, culturales y políticas.

La FIFA fue fundada en 1904 por las federaciones de Francia, Bélgica, Dinamarca, Holanda, España, Suecia y Suiza con el propósito de ser un organismo regulador internacional del fútbol.

Muy joven llego a ser presidente de la Federación Francesa. En los Juegos Olímpicos de Amberes en 1920 los dirigentes futbolísticos de todo el mundo lo designaron responsable para ocuparse del fútbol en la competición olímpica.

La concepción de Rimet del fútbol y su determinación de vincularlo a toda la sociedad era muy visible dentro de la FIFA y en 1921, los veinte países por entonces afiliados a la Federación Internacional de Fútbol Asociado se reunieron para elegir a su nuevo presidente. Y Jules Rimet no tuvo oposición para suceder al ingles Daniel Burley Woolfall.

El número de federaciones que integraban el organismo todavía era muy reducido. Faltaban en el todos las federaciones de países de otros continentes, principalmente de sudamerica, que destacaban en los Juegos Olímpicos a nivel amateur. Tampoco estaban los ingleses, que entendían que tenían una categoría superior que les impedía someterse a los dictámenes de una entidad mundial. Pero ya en sus ideas Rimet soñaba en voz alta: «Organizaremos una competencia de dimensión mundial, entre los seleccionados de todos los países del mundo a la manera de la Copa Inglesa«.

A partir de ese momento dedicó todos sus esfuerzos a su grandioso sueño de crear una competición en la que los mejores futbolistas de todos los países se enfrentaran con sus respectivas naciones.

De apariencia frágil tenia una formidable energía y un maravilloso poder de convicción que ejercía con las personas de las más distintas clases sociales. Brillante abogado y de solidas argumentaciones era difícil resistirlas.

El profesionalismo es indispensable para la expansión y evolución del fútbol (…) el deporte profesional sigue siendo deporte, como el teatro, que se explota comercialmente y sigue siendo arte
(Rimet, 2014a: 53).

Tras el éxito del fútbol en los Juegos Olímpicos de 1924 y 1928. Y la incorporación de los países latinoamericanos surgidos a la fama con los dos triunfos olímpicos de Uruguay, Rimet propone en el congreso de la FIFA en Ámsterdam en 1928 la organización de un campeonato mundial de naciones.

Uruguay 1930.

Hungría, España, Holanda, Italia, Suecia y Uruguay presentaron candidaturas para albergar la primera Copa Mundial de la FIFA. Desde un principio Uruguay, campeón olímpico en 1924 y 1928, fue el país favorito para acoger el evento. La asociación Uruguaya de Fútbol se comprometió a sufragar los gastos de viaje y alojamiento de todos los participantes. Repartirían los posibles beneficios y asumirían las perdidas si el evento no resultara rentable.

En 1929 en el congreso de la FIFA celebrado en Barcelona, Rimet pudo anunciar que la primera Copa del Mundo se disputaría en el año 1930 en Montevideo.

Muchos sinsabores le causo el boicot que los países europeos le hicieron al Mundial. No aceptaban que el torneo fuera al otro lado del Atlántico. El largo viaje y todos los gastos no convencían a las federaciones. Tuvo que realizar una labor tenaz para lograr convencer a cuatro federaciones europeas para hacer el viaje a tierras uruguayas. Finalmente fueron 13 selecciones participantes a la primera Copa Mundial: Francia, Bélgica, Yugoslavia, Rumanía, Uruguay, Argentina, Estados Unidos, Chile, México, Bolivia, Brasil, Perú y Paraguay.

Al final, cuando puso en las manos del capitán uruguayo José Nasazzi el valioso trofeo «Victoria» diseñado por Abel Lafleur que había costado nada menos que cincuenta mil francos suizos oro, sintió que el gran sueño de su vida comenzaba a realizarse. Porque pese a las dificultades iniciales el Mundial acabó siendo todo un éxito económico, organizativo y deportivo.

Italia 1934.

Suecia e Italia presentaron su candidatura para la segunda edición de la Copa Mundial de fútbol. En el Congreso de Zúrich de 1932 el Comité Ejecutivo de la FIFA anuncio a Italia como organizadora del Mundial ante la súbita retirada de Suecia.

Mussolini gobernaba el país bajo un régimen dictatorial fascista y pretendía utilizar el Mundial como propaganda a su favor. Mussolini utilizó toda su poder e influencias para llevar el torneo mundialista a Italia. Todo el aparato fascista se puso a disposición de la Federación Italiana.

Rimet fue duramente criticado por ignorar que el Mundial se usara con fines propagandísticos del fascismo. Siempre rechazó mezclar el deporte con la política aunque en esta ocasión prefirió voltear la mirada hacia otro lado.

Ante el número creciente de naciones interesadas en participar, se acordó que fueran 16 equipos los participantes en el Mundial, se disputarían eliminatorias previas. Aún así hubo ausencias significativas como la de Uruguay que rechazó defender su título de campeón tras el desplante de las selecciones europeas al primer Mundial y la de Inglaterra que seguía aislada.

La Federación Italiana presento ocho sedes para disputar todos los partidos. Roma con el Estadio Nacional del Partido Fascista con capacidad para 50.000 espectadores, Turín con el Estadio Benito Mussolini (Olímpico de Turín), Milan con el Estadio San Siro, Florencia, Nápoles, Trieste y Génova.
Jules Rimet elogió la organización, el trabajo y esfuerzo de los italianos para construir y ampliar los estadios de las sedes mundialistas.

El Mundial contó finalmente con la participación de las selecciones de Alemania, Austria, Bélgica, Checoslovaquia, España, Francia, Hungría, Italia, Países Bajos, Rumanía, Suecia, Suiza, Argentina, Brasil, Estados Unidos y Egipto.

Al margen de lo deportivo, el Mundial de Italia estuvo señalado por la influencia del Duce Benito Mussolini y de dar la orden al presidente de la Federación Italiana de que Italia ganara la Copa Mundial a toda costa.

Rimet asistió a la final entre Italia y Checoslovaquia sentado al lado de Benito Mussolini. «Yo veía bajo la máscara autoritaria de Mussolini cómo temblaba cada vez que el balón se acercaba a la valla italiana«. Terminado el acontecimiento mundialista, Jules Rimet comentó al Secretario General de la FIFA, que tenía la impresión de que el organizador de la Copa del Mundo había sido directamente Benito Mussolini.

Francia 1938.

En 1938 quiso que la Copa Mundial se llevara a cabo a toda costa en Francia. Tuvo que convencer a la propia Federación Francesa ante la desconfianza y problemas internos en la misma. Muchas federaciones pusieron en duda la capacidad de Francia para organizar la Copa Mundial. Rimet busco acuerdos para unificar los diversos puntos de vista. Finalmente en el Congreso de Berlín se designo a Francia como sede del Mundial. Lamentablemente, las sombras de la guerra que se avecinaba sobre Europa ensombrecieron el evento. Pero tuvo el agrado de comprobar que el número y la calidad de las selecciones participantes seguía en aumento.

Debido al estallido de la Segunda Guerra Mundial hubo que esperar 12 años para que se volviera a celebrar una nueva edición de la Copa del Mundo. Durante la guerra, su condición de Presidente de la FIFA le permitía trasladarse entre el París ocupado por Alemania y Zurich, que es la sede del organismo.

Las tensiones y diferencias políticas entre los países europeos pusieron en riesgo la supervivencia de la FIFA. Sin embargo conservó férreamente los hilos de la organización mundial del fútbol en sus manos.

En 1946 las cuatro asociaciones británicas regresaron al seno de la FIFA gracias a su diplomacia y al acercamiento de posturas que tuvo con Arthur Drew y Stanley Rous. Tanto así que se organizó el «partido del siglo«, un amistoso entre Inglaterra y un combinado europeo. El partido genero mucha expectación, 135 000 asistentes se dieron cita siendo todo un éxito económico. Lo recaudado se puso a disposición de la FIFA para salvarla del escollo financiero en que se encontraba tras la guerra.

El presidente de la FIFA lucho para que los países participantes en la guerra reanudaran sus competencias futbolísticas. Rimet estaba convencido de que las diferencias políticas entre naciones no deberían llevarse nunca al deporte, por lo que intentó que Italia y Alemania volvieran a participar en eventos internacionales. Esta planteamiento genero críticas de parte de países que defendían un veto a los países que durante la guerra integraron el Eje (Alemania-Italia-Japón).

Brasil 1950.

Acabada la Segunda Guerra Mundial, la FIFA se reunió en Luxemburgo en 1946 para finalmente acordar llevar la Copa Mundial a Brasil en 1950 y a Suiza en 1954. En esta reunión también se decide que el trofeo de la Copa del Mundo se llamé Copa Jules Rimet.

Jules Rimet, creador de la Copa Mundial.
Timbre conmemorativo de la Copa Jules Rimet.

De cara a la Copa Mundial, Escocia y Turquía rechazan acudir a Brasil pese haberse clasificado. India también se negó a
participar después de que no permitiera a sus jugadores jugar descalzos. Francia es invitada pero finalmente no acepta. Alemania esta apartada tras la guerra. Argentina no asiste por discrepancias con Brasil. Los equipos participantes son: Brasil, Yugoslavia, Suiza, México, Inglaterra, España, Chile, Estados Unidos, Italia, Suecia, Paraguay, Uruguay y Bolivia.

Rimet destaca la pasión y el entusiasmo por el fútbol en Brasil desde el primer día del Mundial. Señala que en la vida social de los brasileños el fútbol tiene gran importancia. Considera a Brasil cómo el máximo favorito para ser campeón mundial. En todo el país existe un fenómeno de psicosis colectiva, que disfruta de una victoria que todavía no se ha ganado:

El país sabe que es favorito y quiere ganar, es una cuestión de fe”

(Rimet, 2014c: 38).

Dados los resultados en las faces previas, el campeón del mundo saldría del último enfrentamiento entre Brasil y Uruguay en el estadio Maracaná. Toda la ciudad de Río de Janeiro vivía en fiesta antes de iniciar el partido de la final. Los brasileños ya se veían campeones debido a que los partidos ante Suecia y España los ganaron con superioridad y a que les valía un empate para ganar la Copa Jules Rimet. El Maracaná se vio desbordado de espectadores. Según la FIFA, el partido registró una asistencia de 174.000. Este encuentro ostenta el récord de mayor asistencia a un partido de fútbol oficial.

Brasil se adelantó en el marcador, pero la selección uruguaya logro remontar con goles de Schiaffino y Ghiggia a diez minutos del final.

Así en el mundial de Brasil a Rimet le tocó protagonizar un episodio imprevisto en la entrega de la copa al ganador, cuando se quedó desconcertado al llegar al campo de juego, hasta comprender que los uruguayos vencieron con un gol marcado en su trayecto desde la tribuna al terreno de juego. Jules Rimet lo narra de la siguiente manera.

Faltaba poco para terminar el encuentro. Dejé mi puesto en la tribuna y me dirigí al túnel que conducía al terreno de juego. En
aquel momento los dos equipos permanecían empatados a un gol. El estadio estaba agitado como si una tempestad se abatiera sobre el mar y las voces de los espectadores se amplificaban semejando bufidos de huracán. Cinco minutos más tarde, justamente cuando llegaba a la salida del túnel, un silencio de
muerte había reemplazado a todo aquel tumulto. Aquella multitud inflamada en la espera de una victoria que creía cierta e ineludible, se hallaba muda de estupor, como petrificada. ¿Qué había ocurrido? Unos segundos antes del pitido final, Uruguay había marcado un segundo gol y ganado la Copa del Mundo. El zurdazo de un solo hombre -Ghiggia- había hecho enmudecer a doscientos mil. Automáticamente, no hubo ya ni guardia de honor, ni himno nacional, ni discurso ante el micrófono, ni entrega solemne del trofeo… Me hallé solo en medio de la multitud, empujado por todos los costados, con la Copa en mis brazos, sin saber qué hacer. Terminé por descubrir al capitán uruguayo, y le entregué, casi a escondidas, la Copa, estrechándole la mano, sin poderle decir ni una sola palabra

(Rimet, 2014c: 45

Suiza 1954.

Jules Rimet, creador de la Copa Mundial.
Jules Rimet en el discurso inaugural del Mundial en Suiza 1954.

En la Copa Mundial de Suiza 1954 contaba con 81 años de edad. Jules Rimet presencio el que iba a ser su último Mundial y de poner fin a su mandato de 33 años al frente de la FIFA. Asistió en una tarde gris a Berna Suiza bajo la lluvia más copiosa que haya caído en una final de Copa Mundial. Al abrigo de un modesto paraguas sostenido por su secretaria, el erguido líder octogenario puso el trofeo que llevaba su nombre en manos de Fritz Walter, el capitán de la selección alemana que acababa de protagonizar la inesperada y épica hazaña de derrotar a la maravillosa selección húngara.

Había lagrimas en los ojos de Walter y en los de Rimet. Porque el apretón de manos tenia una carga especial para el dirigente que había creado el acontecimiento máximo del deporte prácticamente solo. Porque la única vez que Rimet renuncio durante sus años de dirigente a su vocación universal de fraternidad fue cuando por unas horas se opuso al reingreso de Alemania a la FIFA después de la Segunda Guerra Mundial. En su memoria estaban todavía frescas las angustias padecidas durante la ocupación nazi en París, tratando de proteger a su esposa que era de origen judío.

Pero Rimet no podía ser infiel a si mismo. Cambio su voto. Alemania reingreso, y en el primer campeonato del mundo que pudo participar después de la combate bélico se llevo el título. La reconciliación de los enemigos alcanzaba entonces una dimensión universal que era la que el mismo había soñado cuando postuló por primera vez la celebración de un mundial de fútbol.

El retiro de Rimet, el creador de la Copa Mundial.

Diecisiete días después de la final de la Copa Mundial deja la presidencia de la FIFA y es sustituido por el belga Rodolphe Seeldrayet. Jules Rimet fue nombrado Primer Presidente Honorifico de la FIFA y fue propuesto por el Presidente de la Federación Suiza, Ernst Thommen para el Premio Nobel de la Paz. Hubiera sido un merecido homenaje para quien tanto había hecho por la unión y acercamiento de los pueblos a través del deporte.

Jules Rimet murio el 16 de octubre de 1956, cuando estaba cerca de cumplir los 83 años en Suresnes, localidad situada a 10 kilómetros de París, poco después de haberse retirado de la FIFA en medio de los mayores homenajes.

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