Argentina fue el resultado de un pacto de fe y trabajo.

agosto 15, 2021
Argentina fue el resultado de un pacto de fe y trabajo.

César Luis Menotti.

Si, realmente esperaba que Argentina ocupara un lugar de privilegio en el mundial. Porque vivíamos de un prestigio que se había ganado a lo largo de los años y un estilo que nos caracterizaba pero que, salvo de alguna manera Estudiantes, no habíamos podido demostrar. Eran sólo antecedentes, como en su momento la presencia de Cesarini, de Enrique Omar Sivori. Pero nada más. Por eso el mundial representaba la gran oportunidad de mostrar nuestro fútbol, hacerlo fuerte, gravitante y ganador. Y también podíamos mostrarle a los incrédulos que se podía formar un equipo con responsabilidad.

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Se fue forjando un plantel sólido. Un grupo de hombres que manejaba con estusiasmo su trabajo, a pesar de todas las críticas. Estábamos imbuidos de fe porque sabíamos que podíamos y teníamos el respaldo de un hombre que llegó a la AFA, el Doctor Cantilo, y que entendió que de nada valía el esfuerzo de la organización sin un equipo argentino competitivo, que tuviera tiempo para trabajar, calendario y competición.

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Todo el proceso lo iniciamos en 1975 con partidos internacionales, rompiendo con la vieja costumbre de teorizar permanentemente sin conclusiones serias. Como decía Leonardo da Vinci, «las reglas de la experiencia son la única manera de distinguir lo verdadero de lo falso«. Cuando iniciamos esta serie de partidos, descubrimos que estábamos ahí , muy cerca del nivel internacional. Al equipo le dimos la indispensable competencia para fortificarlos, con giras por Europa, con partidos en Buenos Aires, buscando siempre óptimo nivel de adversarios. Y así se fue conformando un equipo que llegó preparado física y técnicamente como nunca y sobre todo psicológicamente diez puntos. Y con ello se iba a obtener serenidad para responder a todas las exigencias frente a 70 000 argentinos en el estadio y 25 millones que esperaban un equipo competitivo.

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Además, se logró una perfecta conjunción entre el pueblo y su equipo, con una gran carga afectiva. Por un lado con un grupo que había hecho todo lo posible en la etapa preparatoria. Con 22 jugadores que sentían el calor popular pero se controlaban, de tal manera, que no sólo se gana la Copa del Mundo sino la Fair Play. Y por el otro, un pueblo que entiende, comprende, ampara y ayuda, alentando, como nunca había ocurrido. Fue un pueblo que vivió una gran alegría, pero sin ningún tipo de desborde. Fue una de las fiestas más grandes del deporte en la que participaron todos los sectores del país. Fue un sueño que comenzó en 1975, entre gambetas, goles y entusiasmo y terminó, a través de una pelota de fútbol, con un pueblo que disfrutó unido, que se dio la mano. Ese fue, quizás, el mayor halago de un grupo de gente que trabajó con «responsabilidad, generosidad y valentía«, como ha dicho Ernesto Sábato, y que colaboró para que nos sintiéramos identificados con un montón de cosas que hacen a las costumbres de un pueblo, como nuestra bandera recorriendo las calles de todo el país, sin distinciones. Nosotros lanzamos na propuesta, para demostrar qué pueden hacer 22 hombres cuando se proponen objetivos comunes, cuando saben realmente por que están luchando, cuando tienen un objetivo claro y son capaces de entregar todo lo que pueden y mostrar, sin egoísmos, que es posible alcanzar las metas propuestas. Ojala nos hayan entendido.

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En cuanto al campeonato, se inicio con un sorteo que señalo que la zona nuestra era la más difícil. Porque Francia, el cuarto equipo, era el mejor de todos los que completaban cada una de las otras zonas. Eran tres partidos exigentes. Pero estábamos seguros de que si se quiere campeonar hay que ganarle a todos. Argentina puso en el campo una gran sociedad compuesta por pequeñas sociedades que, insisto, se había preparado para estas dificultades.

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No es verdad que Argentina ’78 haya sido inferior a otros mundiales, técnicamente hablando. La historia nos está demostrando que ya no existen desniveles atléticos como antes que, con una buena preparación, ya se era competitivo. Todos los equipos llegan óptimamente preparados. Recuerden a Irán y Túnez. Todos los partidos son difíciles, complicados. El mundo se prepara especialmente para estos torneos de alto nivel. Y entonces comienzan a prevalecer no los mejores atletas, sino los que aportan mejores fundamentos y conceptos para crear fútbol.

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Pasamos la primera ronda con muchos sacrificios. Personalmente, descubrí en el primer partido contra Hungría, cuando nos hicieron el gol que habíamos alcanzado el punto ideal. Porque no sentimos el peso de la responsabilidad, ni el silencio del estadio. Salimos con total tranquilidad para seguir jugando nuestro fútbol, sin desorden, tocando la pelota, hasta lograr la reacción del público, que seguía creyendo en su equipo. La gente debe entender que es muy difícil en esas circunstancias no perder el equilibrio, sobre todo cuando se es embajador de un país en su mismo país. En ese partido, se ganó la batalla más importante. Luego llegó Francia y contra Italia se perdió en el partido que mejor jugamos, aun sin poder contar con Luque, hasta ese momento el jugador más importante del equipo. Y entonces la gente, con algunas dudas, nos siguió a Rosario.

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Después de ganarle a Polonia y empatar contra Brasil, ya habían aparecido algunas individualidades que a la postre fueron fundamentales, se llegó al momento más importante de esta historia , donde vimos que el esfuerzo no había sido en vano. A Perú le habíamos ganado dos veces. Una en Buenos Aires y la última en Lima, donde en cuarenta y cinco minutos les hicimos tres goles. Sabíamos que podíamos volver a lograrlo, máxime si nos jugábamos la posibilidad de ir a la final. No era fácil pero había argumentos sólidos para pensar que se podía. Salimos a matar o a morir. Y tras diez minutos de nerviosismo Argentina produjo lo mejor del campeonato. Sin hacer nada más ni nada menos que responder a una filosofía de fútbol ofensivo con la mayor cantidad de variantes. Y esa mentalidad ofensiva fue permanente en nosotros, cosa que no habían hecho ni alemanes, ni brasileños, ni ningún otro equipo salvo Holanda. Brasil vivía en una confusión; Alemania fue siempre temerosa sin responder a su filosofía futbolística nacional e Italia, que contaba con un equipo con grandes condiciones técnicas, cuando lograba un gol le pesaba la tradición de un fútbol especulativo.

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Argentina y Holanda, con distintas armas y estilo, llegaron a una funal por ser, entre todos, los equipos más ofensivos. Holanda, la revolución del 74 y Argentina con su brillante historia sudamericana. Pero esa final, se las voy a contar más adelante.

César Luis Menotti.
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